Youth ( La Juventud).-


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Por: Noemi A. Marrero D.

Después de la Grande Belleza (ganadora del Oscar como mejor película extranjera), el director italiano Paolo Sorrentino nos trae su segunda película en habla inglesa (después de la discutible “Must be the place” con Sean Penn), y la séptima en toda su trayectoria cinematográfica.

En esta película Sorrentino nos habla de una pareja de amigos de 80 años de edad, el director de orquesta en pensión Fred Ballinger (Interpretado por Michael Caine) y su viejo amigo director de cine en funciones Mick Boyle ( Interpretado por Harney Keitel), en el ámbito de unas vacaciones en los Alpes Suizos. Dichas vacaciones transcurren entre relax, caminatas, masajes, varios tratamientos reconstituyentes del cuerpo y largas conversaciones que se convierten en un viaje introspectivo y existencial, con frases hechas al mejor estilo de este director que ha tomado el existencialismo como tema focal en varios de sus trabajos cinematográficos.

La ambición mas grande de todo artista es encontrar su propia voz expresiva, el director Napolitano parece haber encontrado la suya, ya que sus películas están impregnadas de una particular e impecable fotografía, la cual conjuga con introspectivos diálogos filosóficos e imágenes que parecen un cuadro en movimiento.

En Youth (La juventud) el director pone en contraposición la vida de varios personajes, de varias edades, entre los que se encuentran estos amigos ochentones, la hija de uno de ellos ( interpretado por Rachel Wise), un actor en fase descendente (interpretado por Paul Dano), de varios personajes esporádicos representados por empleados y huéspedes de este hotel-centro benessere Suizo.

Podría parecer que Sorrentino nos quisiera contar la vejez y el ocaso de la vida a través de ella, en realidad el director quiere tocar el termine de la vida a través del ocaso del motor que nos impulsa a seguir en ella y de los mecanismos de sobrevivencia autoimpuestos que varían con la edad, tocando el punto de la vejez real y efectiva y aquella emocional y psicológica.

Michael Caine, Harvey Keitel nos regalan interpretaciones impecables, dignas de actores de su larga trayectoria, Paul Dano aceptable, Rachel Wise, en cambio no queda a la altura, ofreciéndonos una interpretación imperceptible de toda emoción.

El director como ya es su costumbre utiliza varios elementos a su disposición para transmitirnos su punto de vista, como en films anteriores, logra una perfecta danza sincronizada entre imágenes, música y diálogos profundos. No obstante la perfecta sincronización de elementos, el director tiende a exagerar con la implementación de estos recursos que a veces resultan excesivos  transportando al espectador, pero a mismo tiempo distrayéndolo , haciéndolo perder en ocasiones el hilo conductor de la trama.

Una inyección de existencialismo al cual hay que ir preparado para verlo con todos los sentidos y la mayor concentración posible.

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